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Guerra contra el francés

Ya he escrito en varias ocasiones sobre la guerra de los españoles contra los franceses a partir del 2 de mayo de 1808, la mal llamada Guerra de la Independencia. El pueblo contra el mayor ejército del mundo, España actuando contra Napoleón cuando en Bayona se daba la traición de los reyes, la valentía contra la crueldad y la invasión gabacha. Mujeres y hombres, hombres y mujeres que lo dieron todo por la libertad.

También he hecho referencia a la Batalla de Bailén como esa primera batalla en la que en el ejército de línea más poderoso del mundo, imbatido, temible y aplastante, fue vencido por un heterogéneo ejército español dirigido por Castaños y Reding entre los olivos de Jaén. Una batalla digna de recordar pero hoy me quiero detener en otra batalla, de menor calado, pero que tiene un enorme significado pues, en honor a la verdad, aunque no fue en campo abierto ni con un ejército desplegado en línea, fue la primera derrota francesa en suelo español. Me refiero a la Batalla de la Poza de Santa Isabel, en Cádiz.

Restos de la batalla de Trafalgar

Y todo empieza tras la lamentable derrota en Trafalgar (21/10/1805), ese suceso que llevó a la flota combinada de España y Francia, de la mano del inepto Villeneuve al desastre. Pues bien, los barcos franceses supervivientes de la batalla, se refugiaron en Cádiz al mandó de Rosily, quien aprovechó el tiempo que estaban fondeados para estudiar la zona. Nada, aparentemente, hacía presagiar las hostilidades ni ese estallido social en Madrid tras la abdicaciones.

La pequeña escuadra francesa fondeada en la bahía de Cádiz, entre los barcos españoles, contaba con 6 embarcaciones (5 navíos de línea y 1 fragata), 3.676 hombres de tripulación y 398 cañones. Y aunque los españoles, de Juan José Ruiz de Apodaca (que también combatió en Trafalgar) contaban también con 6 barcos, 4219 hombres y 496 cañones, la diferencia era notoria pues los navíos franceses se encontraban perfectamente pertrechados (víveres y municiones), los españoles tenía todo tipo de carencias (alimentos, munición, pólvora, uniformes).

Francisco Solano, gobernador de Cádiz y capitán general de Andalucía, consciente de esa diferencia entre las dos escuadras, rehuía el enfrentamiento, no quería atacar a los franceses lo que le granjeo la inquina de los gaditanos, que lo terminaron asesinando, injustamente. Su sustituto, Tomas de Morla, viendo el cariz de la situación y ante la posibilidad de tener el mismo destino, tuvo que salir al paso y efectuar una proclama al pueblo para intentar calmar los ánimos.

Comienzan los preparativos

Y es a partir de este momento cuando se comienzan una serie de preparativos con la intención de rendir la flota francesa pero, lo primordial, lo urgente, era asegurar una alianza con Inglaterra. Así, el general Apodaca, aprovechado que los barcos británicos bloqueaban Cádiz, negocia la paz con el almirante Collingwood. En esta negociación destaca el oficial de la armada española, de origen irlandés, Enrique Maccdonnell.

Asegurada la alianza y recibidos a préstamos por parte de los británicos 400 kg. de pólvora, se empezó a pergeñar un plan para derrotar a la pequeña flota gabacha fondeada en la bahía. Todo quedó al mando del Jefe del Arsenal de La Carraca, teniente general José Joaquín Moreno, de Tomás de Moral (nuevo Gobernador de Cádiz), del general Ruiz de Apodaca (Jefe de la escuadra española) y de Diego de Alvear y Ponce de León (Comandante del Cuerpo de Brigadas del Departamento de Cádiz).

Y aquel plan tenía cuatro pilares fundamentales: separar las dos escuadras, que se encontraban dispuestas en formación de alternancia; bloquear su salida de la Bahía de Cádiz, impedir su navegación hacia el caño de La Carraca y movilizar todas las fuerzas navales disponibles (aunque no se arriesgaría ningún navío). Y todo empezó con una excusa. Un permiso pedido a Rossily, para separase de la escuadra francesa, por ser el día de la jura de Fernando VII. La suerte estaba echada.

Plano de la Bahía de Cádiz

Plano de la Bahía de Cádiz

Sin salida posible

El vicealmirante francés sabía de los planes de Napoleón y esperaba acontecimientos pues el ejército de Dupont bajaba hacia el sur para liberar la escuadra y rendir Cádiz. Mientras, conocedor de la zona por el tiempo que había estado en ella (incluso la había cartografiado) y observando los movimientos estratégicos de los españoles, el 6 de julio de 1808 decidió fondear en la zona de la Poza de Santa Isabel, situada en el canal navegable que acceso al Arsenal de La Carraca. Era la única posible, una salida que le permitía amenazar al arsenal situado en la Real Isla de León.

Movimientos frenéticos en la costa para disponer baterías por doquier, reforzar los fuertes de San Luis y Puntales, en el canal norte del Trocadero, en el molino de guerra y en el de San Fernando; también en la Batería de los Dolores, en la Casería de Osio y Lazareto, San Carlos y en La Carraca. Un trabajo constante para montar cañones por todos sitios, una maraña artillera de la escuadra francesa fondeada en el saco interno de la Bahía de Cádiz.

Pero a pesar de todo, la amenaza sobre La Carraca era seria y decidieron cerrar el canal que llevaba al arsenal, hundiendo un par de navío en las proximidades de la Punta de Clica. Y también, para evitar la posible salida de Rosily, con la intención de cerrar el saco interno de la Bahía, dispusieron una cadena flotante desde el Fuerte de San Luis.

Lancha cañoneras

Y quedaba un puntal: el cuerpo de fuerza sutiles formado por lanchas cañoneras y bombarderas del arsenal de La Carraca y del Apostadero de Cádiz. Al no arriesgar los navío de línea, estas pequeña embarcaciones eran ideales para las maniobras de hostigamiento y ataque rápido pues estaba provistas de unos 60 tiros de munición. Lanchas que ya había sido utilizadas, a las órdenes de Mazarredo y en un número de 167 unidades, para defenderse del ataque de Nelson en 1797, quedando reflejado, incluso, en una letra popular:

De que sirve a los ingleses tener fragatas ligeras, si saben que Mazarredo tiene lanchas cañoneras”

El día 9 de junio, finalizados todos los preparativos y apostados en sus posiciones, el capitán general Morla solicitó la rendición de la escuadra francesa pero recibió una contundente negativa. Aquello propició que ordenara un ataque conjunto de todas las baterías de costa y de la lanchas cañoneras. Rosily no se arredró y ordenó que todos sus cañones abrieran fuego contra el arsenal de la Carraca.

El día 10 continuó el fuego intenso de las cañoneras, que hostigaban a los navíos franceses, así como de las diferentes baterías que formaban aquel círculo de fuego. Aquel largo día los españoles pidieron parlamentar, iniciando así una tregua, un descanso necesario por las dos partes, para reparar daños y coger fuerza. Al día siguiente, de madrugada, empezaron de nuevo las hostilidades.

Aunque Rosily confiaba en Dupont y ansiaba esos parones en el combate, el destino estaba escrito, Dupont estaba condenado en Bailén y él iba por el mismo camino. Así observó cómo los días 11, 12 y 13 de junio, las lanchas cañoneras se afianzaban en sus posiciones y eran cada vez más peligrosas. No, no había salida, no había posibilidad de victoria o de escapar.

Rendición

Así, el 14 de junio de 1808, ante la imposibilidad de escapatoria o de conseguir revertir la situación, Rosily entrega la escuadra. A cambio, de momento, había conseguido salvar la vida y la de sus hombres. Entregó su espada al general Apodaca, que se la devolvió, y quedó como prisionero de guerra.

El balance final de la batalla fue de 12 muertos y 51 heridos en el bando francés y de 5 muertos y 50 heridos en el lado español. 5 navíos de línea apresados y 1 fragata, más toda la pólvora, munición, armas y víveres contenidos en los barcos. Un botín bastante interesante.

Amén de las distinciones dadas por la Junta de Sevilla y de tomar posesión de los barcos rendidos, el asunto de los prisioneros franceses pasó a ser un problema para Cádiz. Al principio fueron recluidos en La Carraca y bordo de los navíos españoles Terrible y San Leandro, pero aquello tenía un riesgo de insurrección por lo que se ordeno el traslado a los navíos desarmados Castilla y Argonauta que fueron utilizados como pontones prisión.

Los prisioneros, la mayor parte de ellos, hacinados en condiciones lamentables, tuvieron un final terrible porque la situación empeoró tras Bailén. A los 3676 marinos de Rosily se le unieron 17350 de Dupont. Repartidos entre la prisión de San Carlos y 8 pontones anclados en la rada gaditana, sufrieron unas condiciones penosas y extremas. Pero aquella situación, dado el peligro en ciernes, obligó a la junta de Regencia, a plantearse reducir el número de prisioneros en Cádiz.

Cuadro desaparecido que ilustra la rendición de Rosily

Una tragedia para los prisioneros

Así, en 1809 se enviaron 1000 hombres a Inglaterra, 1500 a Canarias y 5300 a Baleares, de los cuales 4500 fueron abandonados en la desértica isla de Cabrera, en la que apenas contaban con alimentos. El balance final, tras la guerra, fue muy duro para Francia pues de los 24776 prisioneros militares y civiles que había en la ciudad de Cádiz, solo sobrevivieron 7082. Terrible.

Muchos detalles de la batalla de la Poza de Santa Isabel los conocemos por las crónicas escritas por Michel Maffiote, un marino y timonel francés que vivió en primera persona la contienda desde el navío Neptune. Fue hecho prisionero y tuvo la fortuna de ser enviado a Canarias donde sobrevivió y rehízo su vida, dedicándose al comercio, aprovechando su amplios conocimientos del español, francés e inglés. Allí, en Tenerife, escribió sus memorias, que han sido traducidas y se han podido averiguar muchos aspectos de esa batalla perdida por Francia.

La rendición de la escuadra de Rosily, además de los manuales de historia, quedó recogida en el cancionero popular gaditano:

En Cádiz una escuadra

la vimos entregar

a Morla y Apodaca,

rendida en tierra y mar.

Rosily, que era el jefe,

le llena de pesar

ver sobre su bandera

la nuestra tremolar.”

Para saber y conocer más detalles sobre esta batalla y sobre el timonel Maffiote, os recomiendo este enlace: La rendición de la escuadra de Rosily en la Poza de Santa Isabel

Y este: Batalla de la Poza de Santa Isabel