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Propaganda negativa

Siempre lo digo y lo mantendré: nunca nos hemos sabido vender. Y lo que es peor, no hemos sabido contrarrestar la propaganda negativa que han vertido nuestros enemigos, tanto de dentro como de fuera. Y para muestra tenemos el caso de la mal llamada Armada Invencible del también denostado Felipe II y la contra armada inglesa que mandó Isabel I para atacar España. La primera, según las crónicas, un desastre para España y una gran victoria para Inglaterra. (ni lo uno ni lo otro) Pero, ¿Hemos sabido detalles de la segunda? ¿Conocemos los avatares y derrotas de la contra armada? Ocultado todo bajo pena de muerte. Así que, más leyenda negra

Y todo se englobó en la Guerra anglo-española que tuvo lugar entre los años 1585 y 1604 y que, curiosamente, terminó con el Tratado de Londres, un acuerdo pedido, encarecidamente, por los ingleses y que fue muy ventajoso para España. En definitiva, una guerra que perdió Inglaterra. ¿Lo sabías? No te quedes solo con lo que ves en la superficie.

Cierto que los planes que trazó Felipe II para deponer del trono inglés a Isabel I e instaurar una monarquía católica, salieron mal desde el principio: La muerte de Don Álvaro de Bazán, los retrasos enormes, las órdenes tajantes, que no permitieron atacar a la flota inglesa en Plymouth, cuando no podía salir de puerto; la descoordinación y los malos vientos que obligaron a la dispersión y a tomar la ruta más larga para regresar a España. Pero, después de todo, solo se perdieron unas 25 embarcaciones, casi ninguna en combate. Pudo haber sido peor.

Contra armada británica

Tras este intento, Isabel I, envalentonada, creyendo erróneamente en la debilidad de su oponente, empeñó la corona y embarcó a la nobleza, armadores y comerciantes para emprender tales acciones, para dar el golpe definitivo a la, supuestamente, maltrecha armada española y aprovechar el viaje para hacerse con algunas plazas. Un plan que no contaba con un detalle: que España no era débil, pues era la potencia dominante en el momento y podía hacer frente a cualquier atisbo de tormenta.

Estando la mayoría de los grandes buques españoles (unos 102), tras el fallido intento, en reparación en los puertos del Cantábrico, sobre todo en Santander, Isabel I manda a los generales Drake y Norris, al frente de una gran flota, mayor que la española, que ataquen los restos de aquella armada y saqueen ciudades españolas. La flota inglesa estaba conformada por 180 barcos y 27667 hombres, entre los que viajaban 1000 caballeros de fortuna y aventureros.

El objetivo de aquella armada inglesa era claro, a parte de rematar a la flota española: Tomar Lisboa y entronizar a Antonio de Crato (El prior de Crato) como nuevo monarca, que había ofrecido a cambio, los mejores castillos y un derechos de saqueo sobre la capital. Además, intentarían conquistar las Azores y establecer una base fija desde la que atacar España y, de paso, hacerse con el comercio con Hispanoamérica.

¡Quién tenga honra, que me siga!

A pesar de las informaciones obtenidas por los espías españoles, de los contactos de Alejandro Farnesio y de los confidentes, se interpretó erróneamente el rumbo de aquella flota y se puso todo el cuidado en las ciudades españolas. Parecía que todo se confabulaba para que la victoria cayese de lado británico de una manera abrumadora. Pero no ocurrió así.

Y la expedición se hizo a la mar. Pero, aunque se tenía un objetivo claro, el plan no estaba determinado y se improvisaba sobre la marcha. De hecho así ocurrió cuando se decidió tomar La Coruña con la idea de, una vez tomada, marchar hasta Santiago de Compostela y saquear aquella ciudad, símbolo de la España católica. Pero no contaron con la valentía de los hombres y mujeres que la defendieron hasta la extenuación.

Del 4 al 19 de mayo, las murallas de La Coruña, defendida valientemente por sus habitantes, resistió las embestidas del ejercito británico y de los barcos que la asediaban. Tesón, fuerza y determinación para no dejar entrar al invasor. Y allí, destacándose por encima de todos, surgió la figura de María Pita, que arrebatando la bandera de uno de sus enemigos abatido por ella misma, arengó a sus compañeros de refriega con esta frase: ¡Quién tenga honra, que me siga!. Allí, los ingleses, comprobaron en sus carnes la osadía de los españoles. Allí, en La Coruña, la contra armada británica comenzó su declive. Se abrían las puertas del desastre.

Derrota tras derrota

Y Drake vio el peligro cierto. Ante la resistencia pertinaz de los defensores, ante el empuje de los refuerzos que llegaban y ante el peligro de quedar copados, pusieron pies en polvorosa y levaron anclas, abandonando la empresa coruñesa y poniendo rumbo hacia Lisboa. Pero ya no contaban con el elemento sorpresa.

La moral, desde aquel momento, estaba mermada. Según Luis Gorrochategui, casi 1500 hombres habían caído y se contaban por miles los heridos. Cifras demasiado alarmantes para acometer mayores objetivos. Pero Isabel I había dado órdenes muy claras y Drake no cejaría en su empeño. Rumbo hacia Lisboa.

Con aquellos mimbres, con la improvisación en el horizonte, Norris desembarcó a la infantería a 70 kilómetros de Lisboa e inició una penosa marcha a pie. Drake esperó la llegada de estas tropas en Cascais para sincronizar un ataque combinado. Pero Felipe II, repuesto y dispuesto, defendió bien la ciudad, disponiendo compañías extramuros para contener el ataque, cortando las comunicaciones y desgastando al enemigo con tácticas de tierra quemada.

A las puertas de Lisboa

Tácticas militares y movimientos de tropa para esperar al enemigo. Y todo causó el efecto esperado pues los hombres de Norris se toparon, cansados y desmoralizados, con una fuerza de 5000 hombres, a las puertas de Lisboa, lo que provocó numerosos muertos entre los británicos. Más piedras en el camino, más episodios de un desastre.

Ante aquel panorama desalentador, Norris ordenó el repliegue y huyó, a través del Tajo, para ponerse al abrigo de su flota, al mando de Drake (que esperaba en Cascais). Y allí fueron cercados por el adelantado de Castilla, Martín de Padilla, que, al mando de galeras y brulotes (barcos incendiarios) acometió la tarea de perseguir y hostigar a los ingleses. Drake ordenó zarpar y salir de aquel atolladero a todo trapo.

Pero la ausencia de viento jugó a favor de los españoles que, con las galeras, más propia de otros mares pero con la fuerza de los remos, se pudo acercar por la popa a las embarcaciones inglesas y castigarlas concienzudamente. El 20 de junio tuvo lugar la batalla frente al cabo Espichel, en la desembocadura del Tajo, donde los británicos perdieron otros 7 barcos y provocó la dispersión del resto de la armada. Drake no sabía qué hacer, estaba desarbolado.

Con el rabo entre las piernas

En un intento desesperado por cumplir cubrir el expediente y salvar el honor, Drake puso rumbo hacia las Azores para intentar conquistar la isla. Fue en vano. Debilitados y en inferioridad fueron rechazados, apenas sin esfuerzo por lo que aquel objetivo de formar una base permanente en el Atlántico para atacar a la flota de indias no pudo llevarse a cabo. Ahora toca regresar con el rabo entre las piernas.

Y lo peor estaba por llegar. Con la peste a bordo, la expedición inició el regreso a Inglaterra. Cientos de cadáveres eran arrojados cada día por la borda, la moral estaba por los suelos y la debilidad hacía mella en los pocos supervivientes. En una acción desesperada por conseguir víveres, el 27 de junio saquearon la pequeña población costera de Vigo pero sufrieron las consecuencias pues los habitantes de la zona, aguerridos, apresaron a 200 ingleses, que fueron ahorcados a la vista de todos sus camaradas, Drake incluido. Otra losa más en el historial del inglés.

Comidos por la enfermedad, desmoralizados y débiles hasta la extenuación, sufrieron tormentas, naufragios y el aliento continuo de la muerte hasta llegar a puerto. Aquella huida desesperada se convirtió en una carrera individual de cada embarcación por salvarse, por llegar a Inglaterra. Pero las consecuencias de aquella expedición siguieron pagándose.

Y para colmo…la peste

La peste, contraída en el mar, se propagó cuando desembarcaron las tripulaciones, lo que provocó un impacto grande en la población. De los 180 buques que iniciaron la expedición, solo volvieron 102, con lo que las pérdidas fueron enormes sin que lo rapiñado en la ria de Vigo pudiese paliar aquellos números. Banqueros, comerciantes y la propia corona sufrieron las consecuencias. Fue una auténtica ruina. Y si hablamos de pérdidas humanas, los números son terribles pues, según Gorrochategui, apenas sobrevivieron 3722 hombres. Una tragedia.

Y con esto se fraguó la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra (con permiso de la sufrida en Cartagena de Indias, a manos de Don Blas de Lezo). Mancha que ha sido ocultada durante siglos y bajo pena de muerte. También, y es lógico, esta derrota contribuyó a que la corona española, en toda su extensión, en uno y otro hemisferio, siguiera dominando el mundo durante, al menos, otros 50 años.

¡Ah!, se me olvidaba. Aunque Drake retomó la lucha y saqueó el Caribe español, años después (muriendo en el intento) fue condenado al ostracismo por su enorme fracaso con la contra armada. Datos y curiosidades de aquel imperio inglés que usaba, muy a menudo, la piratería para hacer daño, matando, saqueando y rapiñando sin declaraciones de guerra. (léase el caso de la fragata Mercedes, siglos después). De toda la vida, John Hawkins y Francis Drake han sido conocidos corsarios, reconocidos como Lord. Cosas del boato británico.

La mayor victoria

Por eso me pregunto: ¿Hemos sabido muchos detalles de esta contra armada? ¿por qué no se ha sabido contrarrestar la propaganda negativa? Desde España se compró el discurso de la “Armada Invencible” como una derrota amarga, cuando no fue así. Se intentaba, por los bulos, rumores y publicidad negativa, derrotar a la mayor potencia del momento, cuestión que no se podía conseguir por las armas, porque el relato lo es todo. Y con este hecho que he descrito, no se supo vender el desastre británico. Por eso hago este artículo, para que se conozca esta humillante derrota de la contra armada inglesa.

Y para saber más del tema, aconsejo leer el libro de “Contra Armada, la mayor victoria de España sobre Inglaterra” de Luis Gorrochategui.

Lean también las crónicas de Hugo O`Donnel, militar e Historiador y los relatos del cronistas (a veces parcial) Anthony Wingfield. Les animo a seguir investigando y leyendo para descubrir más detalles, para indagar aún más, para empaparnos de nuestra historia.

Contra Armada