Seleccionar página

Gestas para recordar

Detalles para la historia, gestos que bien merecen una distinción o una medalla, maniobras que salvan vidas, movimientos audaces que son reveladores y pueden marcar el signo de la batalla y una gran determinación para seguir adelante pese a tenerlo todo en contra. Héroes y heroínas de nuestra historia, hombres y mujeres valientes, con determinación y coraje que bien merecen un homenaje para que nunca olvidemos sus hazañas.

Hoy no escribiré de conquistas o galeones, ni del siglo XVI ni del imperio español. Hoy le dedicaré mis letras a un héroe que, jugándose la vida y la de sus hombres, salvó la vida de casi 200 personas en plena guerra de los Balcanes. Sí, hoy nuestro héroe vive aún y su hazaña tuvo lugar en el siglo XX.

Sí, guerra de los Balcanes, una guerra civil donde ortodoxos y musulmanes peleaban entre ellos y no dudaban en masacrar a la población civil, con tremenda crueldad, tanto unos como otros. Es curioso pero, casi siempre, las matanzas de los musulmanes eran ocultadas por los medio de comunicación. Pues bien, nos trasladamos al 25 de abril de 1993. Un grupo de 35 legionarios españoles, a bordo de 5 blindados, sirviendo como casos azules para la ONU, con la misión de comprobar el estado de las carreteras partieron desde Jablanica a Saravejo. En la ciudad de Konjic, a 40 km. de Sarajevo estos caballeros legionarios se encontraron con una situación que jamás olvidarán.

Caballeros legionarios

Se encuentran que la carretera está cortada por tropas croatas, que están abriendo un corredor de evacuación para que puedan escapar de una muerte segura los supervivientes de una aldea croata atacada por los musulmanes. Miedo en las miradas, tensa espera, un ambiente enrarecido y la cercanía de la muerte. Y de repente la desesperación y la huida, el terror que se desencadena y la avalancha humana que se presenta.

Los legionarios, al mando del joven teniente Monterde, son testigos de cómo una riada de personas (171 según fuentes de la ONU) entre hombres, mujeres, niños y ancianos, con la desolación en los bolsillos, huían a la desesperada de la muerte segura, intentando cruzar por aquel pasillo salvador. Unos 10 soldados croatas, como podían, cubrían la retirada. Pero ¿de qué huían?

Masacres y persecuciones

Aquel grupo de personas, junto con los pocos soldados, al ver los carros de la ONU, no dudaron en refugiarse tras ellos. Y de pronto, numerosos musulmanes aparecen armados hasta los dientes dispuestos a dar caza y aniquilar a los que huían, a los que habían escapado del pueblo que acababan de arrasar sin miramientos. Formaban parte del grupo musulmán “pañuelos verdes” o cisnes negros, famosos en Bosnia por sanguinarios y despiadados.

Los musulmanes, al ver que las personas se parapetaron tras los legionarios y sus carros empezaron a vociferar amenazantes exaltados, diciendo:

¡Entregádnoslos! – ¡En dos minutos empezamos a disparar!

Con gestos ostentosos y groseros, pasándose la mano por la garganta, con la patente amenaza de pasarlos a todos a cuchillo, los musulmanes integrantes de los “pañuelos verdes”, intentaron amedrentar a aquellos legionarios detrás de los cuales se parapetaban los croatas.

Teniente Monterde con su compañero Maldonado

Mantener la posición

Los legionarios, ante el panorama, maniobraron sus vehículos, empuñaron sus armas y se prepararon para la peor. Los musulmanes estaban excitados y no dudarían en matarlos a todos. Y llegó la hora del teniente Monterde, con los redaños necesarios para afrontar una situación necesariamente mortal.

Monterde, como buen militar, llamó por radio a sus superiores para explicar la situación y pedir instrucciones. Con la carretera cortada, el río Neretva en un flanco y los musulmanes apuntando con sus armas. La situación no era halagüeña. El mando militar, ante la imposibilidad de mandar refuerzos y sabiendo de lo difícil de la empresa, ordenó que si no se podía negociar, abandonara a los refugiados perseguidos, además de a los 10 soldados, y se pusiera a salvo con sus hombres.

El joven teniente, ante las órdenes tajantes y sintiendo de primera mano la situación, con el honor por bandera y con el sentido del deber en el corazón, supo lo que tenía que hacer, a costa de poner en riesgo a todos sus hombres. Desacatando las órdenes, miró a sus legionarios y les espetó:

– ¡De aquí no se mueve ni Dios!

Salvar vida de croatas

Se necesitaba tiempo para calmar los nervios para destensar la situación y evitar una masacre. Y tiempo buscó Monterde que recordará siempre al jefe de los musulmanes, con unos 30 años, rubio, con los ojos azules y ansioso de sangre. Pero el legionario español no estaba dispuesto a ofrecérsela así que le plantó cara y así lo comunicó a sus hombres que, dispuestos y preparados, con entereza y determinación, encañonaron a sus enemigos y se plantaron en el sitio, dispuesto a entregar sus vidas, si cabe, por defender a aquellas personas horrorizadas.

Aquella situación, pendiente de hilo, aquella carretera cortada donde la tensión se podía cortar, se extendió durante 12 horas y lo que parecía imposible acabó por suceder pues por muy envalentonados que llegaran los “pañuelos verdes”, por mucha ansia de matanza que tuvieran, no era lo mismo matar a sangre fría a mujeres, niños y ancianos indefensos, que enfrentarse a 35 legionarios españoles, dispuestos a darlo todo, a morir matando por defender a quienes les habían pedido ayuda. Las bajas podrían ser numerosas. Y al fin los musulmanes aceptaron a negociar.

Los soldados croatas, aquellos que estaban al principio y que habían abierto la vía para que pudieran huir los civiles, aceptaron irse como rehenes del grupo musulmán. Aquellos refugiados, pudieron escapar de una muerte segura y fueron reasentados en otras poblaciones seguras. Curiosamente, aquellos croatas fueron acogidos por familias musulmanas.

Misión cumplida

Los caballeros legionarios cumplieron con su misión de proteger a la población civil. Arriesgaron sus vidas, entregaron sus raciones para que se alimentaran y se afianzaron en su posición. Salvaron casi a 200 personas. Al poco tiempo, una vez que se hicieron eco de la noticia, el portavoz en Sarajevo de las Fuerzas de Protección de la ONU para la antigua Yugoslavia, Barry Frewe, describió al teniente español y a sus legionarios como “unos verdaderos héroes

En la actualidad, José Luis Monterde es Teniente Coronel, jefe del órgano de Apoyo Institucional al COMIL (Comandantes militares) y recuerda el episodio con naturalidad y humildad, huyendo de halagos y restando importancia al asunto. El se limita a decir: “Son cosas de los medios, nosotros hacemos lo que tenemos que hacer”.

Como curiosidad, en Croacia, el 1 de diciembre se celebra el día de los Inocentes de Konjic y se rinde homenaje a los soldados españoles que defendieron a los croatas. Yo, con este artículo, además de aquel grupo de legionarios, quiero homenajear a todos aquellos soldados que no volvieron a su hogar, que entregaron su vida y quedaron en el camino. Honor y gloria a todos ellos.

Otro episodio más de nuestra historia, en este caso más reciente. Con casos como este, los americanos hacen diez películas repletas de épica y emoción, nosotros apenas le damos difusión. Y sí, son héroes que merecen ser recordados, hazañas que merecen ser conocidas, para que nunca caigan en el olvido.

Para saber más te dejo estos enlace: Teniente Monterde en la Guerra de los Balcanes

La gesta de la Legión y el teniente Monterde

Teniente José Luis Monterde