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Las guerras nos afectan a todos

Por desgracia, las guerras nos afectan a todos, en mayor o menor medida. Lógicamente no es lo mismo estar en primera línea de batalla que en retaguardia o ver el mapa de operaciones desde lejos pues ahí radica esa frontera entre la vida y la muerte. Pero de lo que no se libra nadie, por muy lejos que esté, es de la crisis causada por el conflicto, pues todo, a la postre, redunda en el bolsillo. Así, el estrecho de Ormuz está de actualidad y muchos hemos buscando su ubicación exacta y la importancia del mismo en la economía mundial. Pero cual fue mi sorpresa al enterarme, el otro día que, durante 42 años, ese enclave estratégico para el comercio, estuvo bajo domino del Imperio Español, aquel donde nunca se ponía el sol. Pero ¿cómo ocurrió esto?

Resulta que en el siglo XVI había un dicho: “El mundo es un anillo y Ormuz es su piedra preciosa”. Y se estaba en lo cierto porque aquel enclave era esencial, estratégico en la zona y fundamental para controlar buena parte del comercio, de la Ruta de las Especias. Portugal lo sabía y así actuó. Alfonso de Alburquerque conquistó la Isla de Ormuz en 1515 para el reino luso, construyéndose, a posteriori, una fortaleza, y entablando relaciones con un rey musulmán vasallo que solo puso una condición a su apoyo: no abandonar nunca la isla.

Ormuz: un enclave estratégico

El comercio de Ormuz se consideró el mayor de toda la India, clave para el comercio entre Asia y Europa, y para ello, para que aquella estabilidad comercial continuase, fue fundamental mantener buenas relaciones con el Sha de Persia. Pero también la geopolítica influyó pues el estrecho de Ormuz estaba en la retaguardia del Imperio Otomano, como un bastión en tierra hostil que servía de advertencia, y existía, tanto por parte de la Europa cristiana como por parte de los persas, un enorme interés en detener la expansión del citado imperio.

Como hemos dicho, era un enclave estratégico en el que convivieron persas, turcos, armenios, indios, chinos, venecianos, portugueses… mescolanza de idiomas y razas. El historiador Joan-Pau Rubiés apunta en su artículo 1622 y la crisis de Ormuz, como aquella “isla era un lugar bastante inhóspito, esencialmente una gran roca de sal que, a causa de la falta de agua y de su infertilidad, debía ser abastecida desde territorios vecinos, por no hablar del clima horriblemente caluroso durante el verano (lo que obligaba a los habitantes a dormir en los tejados y pasar el día en piscinas llenas de agua), las rentas de sus aduanas compensaban con creces el esfuerzo de fortificarla, poblarla y mantenerla bajo control imperial”.

Ormuz bajo el dominio del Imperio español

Pero ¿Cómo pasó Ormuz a ser española? Pues en 1580 la corona portuguesa y la española se unen en Felipe II, al postularse al trono cuando quedó sin herederos el reino portugués, lo que supuso que el Imperio español creciese de manera exponencial, sobre todo en Asia. Y aquel enclave estratégico pasó a estar bajo dominio hispano, manteniendo en la fortaleza una guarnición portuguesa para su protección.

En Ormuz, además del comercio y de las rentas que se pagaban por pasar por el lugar, como estamos viendo en la actualidad, y que ya era un negocio bastante lucrativo, hubo presencia misionera pues Francisco Javier envió a aquel lugar a los jesuitas Gaspar de Berze y Franciso de Costa con la misión de proteger a las minorías cristianas en aquellas latitudes. También los agustinos tuvieron presencia sobre el terreno, sobre todo en época del Imperio Hispánico.

Pero los movimientos se seguían produciendo. Y resulta que Felipe III, a diferencia de su padre, apoyado en sus validos, optó por una política de apaciguamiento y firmó la paz con las Provincias Unidas (Flandes), que permanecían en rebelión desde 1581. Aquello trajo la Tregua de los 12 años (1609-1621), momento que aprovechó, aquella república, para fortalecerse y consolidarse como una de las fuerzas navales más poderosas de Europa. Además, en esta época, se potenció la Compañía de las Indias Orientales con el lucroso objetivo de expandir el comercio por Asia, amenazando el poderío portugués y, por ende, el español.

La pérdida de Ormuz

Y resulta que la dinastía safávida, que dominaba Persia y estaba representada por el Sha Abbas I el Grande, se recuperó lo suficiente para llegar a ser una gran potencia y estar en posición de amenazar al imperio otomano, que estaba en declive. Con el propósito de iniciar una nueva guerra contra el turco, buscando su aniquilación total, envió misivas al rey de España pidiendo su apoyo. Aquella iniciativa fue descartada pues, como hemos dicho, la política hispana, en aquellos momentos, era de apaciguamiento.

Aquella negativa de Felipe III de participar en la guerra contra el turco, dio alas para Abbas I, con el apoyo de ingleses y holandeses, se apoderase de la isla de Ormuz en 1622. La noticia llegó a Madrid un año después. Los portugueses, tras la pérdida, insistieron en recuperarla, pero los españoles, con su rey al mando, hicieron caso omiso. Aunque, en aquellos momentos, eran un mismo imperio, los intereses hispano-lusos no iban en consonancia ya que, mientras se priorizaba la defensa de Flandes o de Brasil, se renunciaba a recuperar Ormuz. Y aunque se llegó a crear la Junta de Persia para intentar darle solución al conflicto, al final se impuso el criterio del monarca hispano, no se hizo nada y aquel enclave estratégico y crucial se perdió para siempre.

Detalles para la historia, para nuestra historia y del alcance del Imperio Español, un imperio donde no se ponía el sol y que, de vez en cuando, no era capaz de proteger todos los territorios, enclaves y dominios, por intereses o por lejanía. Retazos de esa huella hispana por el mundo.