Un nuevo mundo
El objetivo estaba claro y así se dispuso desde el primer día, desde que Isabel la Católica puso las bases de las Leyes de Indias y mandó tratar a los naturales como iguales, siempre bajo el manto de la evangelización, llevando la palabra de Cristo por todos los rincones del Nuevo Mundo recién descubierto.
Aquellas leyes, fundamentalmente, fueron una recopilación de las Leyes de Burgos y las Leyes Nuevas, que procuraban otorgar derechos a los indígenas de los nuevos territorios, protegiéndolos de los abusos de algunos, porque, siempre había, y sobre todo, lejos de la península, indeseables que abusaban de los demás, como en la actualidad. Y sí, aquellas leyes fueron las precursoras de los derechos humanos.
Bajo aquellas premisas, y siempre con la palabra de Dios como estandarte, con el perdón y el amor, con el evangelio en la mano y el camino por hacer, tras la caída de Tenochtitlán, tras la caída del imperio mexica y la liberación de los pueblos de aquel régimen que cometía atrocidades, canibalismo y sacrificios humanos, aterrorizando al resto de pueblos, a Hernán Cortés, ferviente creyente, le surgió una cuestión importante: ¿Cómo haría para llevar la Evangelio a aquellos territorios?
12 frailes franciscanos
Ante tamaña empresa, acudió al emperador Carlos V quien acordó, junto con el Papa Adriano VI, encomendar la misión evangelizadora a 12 frailes franciscanos del convento de San Francisco de Belvís de Monroy, en Cánceres. Aquellos doce religiosos emularían a los apóstoles de Cristo, llevando la Palabra a través de aquellas desconocidas tierras.
Aquellos doce frailes, seleccionados escrupulosamente, recibirán el nombre de “los Doces Apóstoles de México” y serán los encargados, no solo de evangelizar, sino de proteger los derechos de los indios y proteger sus costumbres.
Aquellos franciscanos descalzos, con la austeridad extrema por bandera, partieron en enero de 1524 desde Sanlúcar de Barrameda y arribaron a Veracruz tras casi 4 meses de travesía.
Los Motolinia
Tras el desembarco, con la humildad que les caracterizaba, emprendieron una caminata de 230 kilómetros hacia la recién conquistada Tenochtitlán (ciudad de México). Sin equipaje, a pie, descalzos y con ropas sencillas, iban siendo recibido con buenos ánimos por los indios, que empezaron a llamarlos los “motolinia”, que en lengua náhuatl significa “pobres”
Y llegó el asombro de propios y extraños, y sobre todo de los nativos. Cuando los 12 apóstoles se encuentran con Hernán Cortés, este, general y conquistador, poderoso y altivo, se arrodilló ante aquellos humildes frailes, besando sus ropas. Aquel gesto hizo que la población autóctona respetara aún más a aquellos franciscanos.
Y tras el encuentro la misión. Divididos en 4 grupos, cada uno de ellos se encargó de llevar la Palabra y evangelizar de una zona, de las 4 en la que dividieron el territorio: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo. Y vaya si lo lograron pues recorrieron vastos territorios y cumplieron con creces su misión, estableciendo iglesias en los principales asentamientos. En el convento de Huejotzingo se conserva la primera representación que existe de los 12 apóstoles en Nueva España.
Amigos de los nativos y defensores acérrimos de sus derechos, enfrentándose, incluso, contra alguna que otra autoridad. No les pudo la miseria, ni las dificultades, ni las enfermedades, ni siquiera las lógicas persecuciones o amenazas. Actuaron como padres protectores y se ganaron el afecto.

1ª Representación de los 12 apóstoles en el Convento de San Miguel Arcángel en Huejotzingo
Lenguas Nativas
¿Y cómo se comunicaban? ¿Cómo enseñaban el evangelio? En principio lo hacían por gestos o mediante himnos o canciones que transmitían paz y calma, intentando transmitir el mensaje de Amor que nos lleva a Cristo, haciendo olvidar todo lo concernientes a los sacrificios humanos. Pero pronto comprendieron que la única forma, la más efectiva, para comunicarse con los nativos y conseguir mejor sus propósitos era hablar como ellos, emplear las lenguas nativas. Y allí las aprendieron e, incluso, empezaron a traducir biblias. Una tarea loable.
Aquella iniciativa tuvo una enorme repercusión pues al albur de aquellas iniciativas de los frailes se empezaron a desarrollar gramáticas y diccionarios de las lenguas nativas, gracias a los cuales se preservaron y permanecen vivas en la actualidad. Debemos tener claro que los españoles respetaron siempre las lenguas de los naturales y que muchos nativos aprendían el español, que fue rápidamente asumido, para poder prosperar en algún negocio o empresa.
Un dato, para los que defienden la leyenda negra y culpan al imperio español de todos los males de hispanoamérica: tras los procesos de independencia del siglo XIX, tremendamente crueles y sanguinarios, los nuevos países que surgen comienzan a castigar el uso de estas lenguas nativas, persiguiendo a los naturales de aquellos territorios. Paradojas de la vida. Tan solo debemos leer.
Gramática nahuatl
Y otro dato curioso. Es cierto que la primera gramática publicada en Europa fue la española, en 1492, gracia a Antonio de Nebrija pero ¿sabéis cual fue la segunda? Sí, la náhuatl, en torno a los años 1528-1531, gracias al trabajo realizado por los 12 apóstoles, aunque la más antigua que ha llegado hasta nosotros fue la realizada por el franciscano Andrés del Olmo en 1547.
Y de aquella siembra, los frutos, pues tras la primera iniciativa en escribir diccionarios y tratados en náhuatl, se comenzaron a realizar la misma tarea con otras lenguas: totonaca, quiché, otomí, zapoteca, toba, aymara, mapuche, muisca, maya, guaraní, huasteca y otros muchos. Un respeto absoluto por la lengua nativa de aquellos nuevos territorios, un respeto que puso las bases para conservar aquella riqueza cultura hasta la actualidad.
Protectores de los indios
Los doce apóstoles, humildes, pobres, valientes y fervorosos, con una fuerza de voluntad tremenda para realizar una labor evangelizadora y llevar la Palabra allende los mares. Con el añadido importante de que, como hemos dicho al principio, procuraban y luchaban por el bienestar de los nativos y miraban por sus derecho. Aquella labor llevó a la creación de escuelas, hospitales, universidades y conventos, se enseñaron oficios y técnicas y mostraron al emperador que aquellas personas eran también súbditos y como tales, tenían los mismos derechos que el resto de españoles.
Pues bien, aquella labor ardua en aquel proceso de conquista que suscitó muchas dudas, incluso estuvo en un punto muerto, se paró literalmente por orden de Carlos I, que convocó una junta de expertos en la Universidad de Salamanca, encabezada por Francisco de Vitoria, para dilucidar la existencia de unos derechos universales de todos los seres humanos, unos derechos que estaban por encima de cualquier emperador. Detalles propios de un gran imperio generador.
Escuela de Salamanca
Y fue cierto, se dio debate serio sobre si estaba bien o no lo que se hacía, sobre los derechos de los nuevos pueblos y demás detalles que se iban descubriendo a marchas forzadas. ¿Alguien se llegó a plantear eso entonces, en pleno siglo XVI? Aquella controversia, aquella discusión, surgió precisamente en esa Escuela de Salamanca, repleta de los mayores eruditos de su tiempo y supuso la primera corriente de pensamiento de carácter económico, moral y jurídico. Lo mejor de su época. Otro dato más para los defensores de la leyenda negra y el carácter “genocida” del imperio español.
Pues todo se debe a los 12 apóstoles, a su misión, a su fe, a su inmenso trabajo y al camino realizado. Trato igualitario, la Divina Palabra, el Amor, la gramática, la enseñanza y la lengua, detalles que hicieron el imperio aún más grande.
Aquellos monjes que llegaron sin nada a Nueva España, dispuestos a entregarse en cuerpo y alma fueron:
Fray Martín de Valencia,
Fray Francisco de Soto Marne.
Fray Martín de Jesús.
Fray Juan Juárez.
Fray Antonio de Ciudad Rodrigo.
Fray Toribio de Benavente.
Fray García de Cisneros.
Fray Luis de Fuensalida.
Fray Juan de Ribas.
Fray Francisco Jiménez.
Fray Andrés de Córdoba.
Fray Juan de Palos.

Azulejo 12 apóstoles de México
Fray Toribio de Benavente
Quiero destacar a uno de ellos, con independencia de su gran labor en grupo, y fue Fray Toribio de Benavente, más conocido como “Motolinia”, ya que puede considerarse el fraile más relevante, sobre todo por su obra histórica donde lo dejó todo recogido, principalmente: Sus memoriales y su historia de los indios de Nueva España.
Este en mi pequeño homenaje a aquellos 12 franciscanos que un día partieron del monasterio de Belvís de Monroy, sacrificando su cómoda vida, con una idea clara. Para que nunca se olvide, para que se difunda y se enseñe.
Ilustra este artículo el magnífico cuadro de Ferrer Dalmau sobre la llegada de los 12 apóstoles a Veracruz. Detalles para una gran historia, para unos cimientos, para una memoria.
Para conocer más datos, os recomiendo esta página: 12 apóstoles – Ruta de los Conquistadores





















Brillante descripción de los hechos de una época, hoy vilipendiada y muy mal defendida por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo. Menos mal que aún quedan mentes honradas que anteponen el rigor histórico a los intereses ocultos.
Gracias, José Carlos por tu investigación y difusión.
Pues sí, querido amigo, la historia es la que es. Y allí, con sus sombras y luces, los hechos vienen a demostrar lo evidente. La evangelización, la cultura, la ciencia… y claro que hubo abusos pero las raíces son hispanas y quien no lo quiera ver, tiene un problema. Y aquí renegamos de esa nuestra gran historia. ¿Qué nos queda por ver?
Un abrazo fuerte y gracias por tus palabras.