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Heroínas

Ya he escrito sobre muchas mujeres españolas que han contribuido a cimentar su historia. Heroínas como Manuela de Luna, Jimena Blazquez, Ana de Ayala, Isabel Rodríguez, Ana M.ª Soto, Isabel Barreto y las defensoras de Palencia. Mujeres que lucharon, innovaron, avivaron el espíritu, ayudaron a los heridos, descubrieron parajes, navegaron por el Amazonas o por el Pacífico, o fueron infantes de marina. Mujeres que sembraron y quedaron para la posteridad.

Hoy quiero detenerme en una de las pocas mujeres que estuvieron y participaron en la conquista de Tenochtitlán tras la fatídica noche triste. Ya hablé de Isabel Rodríguez, que también estuvo, pero atendiendo a los heridos. Hoy escribo sobre una luchadora, con coraje, con redaños, que viajó al Nuevo Mundo siguiendo a su marido y terminó esgrimiendo una espada en la guerra contra los aztecas. Lástima que ha pasado desapercibida. Hoy le quiero dar su sitio en la historia de España.

María Estrada, la vieja

María Estrada, apodada “la vieja” por su edad. Y no es que fuese anciana ya que contaba con, entre 30 y 40 años. Era por la juventud de aquellos aventureros y soldados. Pues buen, María, fue una de aquellas 12 mujeres que participaron de forma activa en la conquista, dura y cruenta, de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, en agosto de 1521, tras 75 días de asedio.

Los que vivieron aquella época, los que la contaron y la dejaron por escrito, dejaron constancia de las hazañas y logros de muchas mujeres, que lucharon junto a los hombres. Así, el cronista español del siglo XVI, Francisco Cervantes de Salazar, en su obra “Crónica de la Nueva España” lo refiere: “En todo tiempo ha habido mujeres de varonil animo y consejo”.

Los cronistas cuentan su historia

Bernal Díaz del Castillo, también refiere la historia de María. Pues tras la fatídica “Noche Triste”, tras aquella aciaga derrota y tras llorar a los caídos, las tropas de Hernan Cortés se replegaron hasta Tlaxcala para recuperarse y preparar la ofensiva. Allí, María Estrada, con genio y airada, contestó a Cortés de esta manera: “No es bien, señor capitán, que mujeres españolas dexen a sus maridos yendo a la guerra; donde ellos murieren moriremos nostras, y es razón que los indios entiendan que son tan valientes los españoles que hasta sus mujeres saben pelear, y queremos pues para la cura de nuestros maridos y de los demás somos necesarias, tener parte en tan buenos trabajos, para ganar algún renombres como los demás soldados”. No se puede negar que tenía coraje.

Aunque se sabe poco de su origen, lo cierto y constatado es que fue hermana de Francisco de Estrada, que cruzó el Atlántico y se instaló en las nuevas provincias en 1509. Las crónicas cuentan que llegó a la actual Cuba y fue apresada por los indios Taínos, durante los enfrentamientos de la ciudad de Matanzas. Tras dos años cautiva, fue liberada y se casó con el sevillano Pedro Sánchez de Farfán en la villa de La Trinidad. Todo lo cuenta Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

Con toda probabilidad, en 1520, María pasó de Cuba a Nueva España en la flota comandada por Pánfilo de Narváez, buscando a su marido que se había unido a los hombres de Hernán Cortés. El mismo Bernal la cita en su crónica, recordando los supervivientes de la Noche Triste: “Pues olvidado me he de escribir el contento que recibimos de ver viva nuestra doña Marina y a doña Luisa, la hija de Xicontenga, que las escaparon en los puentes unos tascaltecas, y también una mujer que se decía María Estrada, que no teníamos otra mujer de Castilla en México sino aquella”.

Fundadora de la ciudad de Puebla

También el cronista Diego Muñoz Camargo, en su “Historia de Tlaxcala”, tras aquella fatídica noche de muerte y llanto, nos habla de una mujer valiente, que no teme a nada, que se enfrenta al enemigo con una espada y una rodela, con furia y entusiasmo, demostrando entrega y arrojo. Igualmente, 1615, el franciscano fray Juan de Torquemada también la refiere, copiando la crónica de Muñoz Camargo.

Lo más probable que tras la conquista de Tenochtitlán, tras demostrar su fiereza, su valentía y actitud, María y su esposo, Sánchez Farfán, se quedaran en Nueva España. La mayoría de los cronistas de la época tienen al matrimonio como fundadores de la ciudad de Puebla, en abril de 1521, sitio estratégico para Hernán Cortés, pues cubría la ruta entre Veracruz y la capital recién conquistada.

La crónicas cuentan que en 1533, en la región de puebla, María Estrada fue elegida para mediar en una disputa entre los dominicos y el obispo Zumárraga por la construcción de un monasterio en el pueblo de Tetela, lo que evidencia de que María era alguien importante, que llegó a ser un persona destacada.

Una mujer poderosa y con influencia

Sabemos, por cartas y crónicas, que enviudó y se volvió a casar con otro sevillano, otro de los fundadores de Puebla: Alonso Martín Partidor. Y a partir de aquí, la historia es difusa y se pierde en el tiempo, aunque se sabe que falleció en Puebla a causa de una epidemia de cólera. Sin hijos, cuidando a dos hijas de su anterior marido, viviendo cómodamente gracias a las encomiendas que le concedió Hernán Cortés por el valor mostrado en la batalla, fue una mujer poderosa en su tiempo, reseñable con influencia. Así, sabedora de su puesto, escribió al mismísimo Carlos I de España, quejándose del incremento de los impuestos.

Una mujer de armas tomar, una aventurera, una mujer con redaños que no le tembló el pulso a la hora de empuñar la espada. Una valiente conquistadora y luchadora que se ganó, en buena lid, sus haciendas y su fortuna, la cual defendió hasta el final. Otra heroína para la historia, otra mujer para el recuerdo, otra luchadora para que no caiga en el olvido que todo lo que ganó lo hizo con su valentía.

Y este es mi pequeño homenaje, unas letras para que se enseñe y difunda nuestra gran historia, para que se defienda y se sienta el hispanismo, la hispanidad. Seguimos.

María Estrada