La ciencia española
Desde que estoy buceando en nuestra historia cada vez estoy más convencido que la huella hispana está presente en todo el mundo, en el arte, en la geografía, en el urbanismo, en las costumbres, en la religión, en la música, en la arquitectura, en la literatura y en la ciencia. De esto último ya he tratado varias veces cuando he hablado de la Escuela de Salamanca, protagonista en la Controversia de Valladolid; de la Expedición Balmis o de Francisco Hernández, el médico que organizó la primera expedición científica.
Hoy, para extendernos en los temas científicos, quiero dedicar mi artículo al sevillano Agustín Farfán, nacido en 1532 y que llegó a ser médico de cámara de Felipe II. Pero ¿Qué tiene de particular este médico?

Agustín Farfán
Agustín Farfán, médico sevillano
Resulta que, desde pequeño, empujado por sus padres, demostró unas dotes genuinas para la investigación y para la medicina. Se graduó en la Universidad de Sevilla en 1539 y destacó tanto que pronto fue llamado para la corte de Felipe II. Una sordera hizo que perdiese el puesto de médico de cámara por lo que, en 1557, se decidió viajar al Nuevo Mundo, junto a su mujer sus tres hijas, para probar suerte. No iba con las manos vacías pues portaba cédulas reales muy ventajosas, una de ellas para incorporarse a la Universidad de México.
El 20 de julio de 1567, diez años después de llegar a Nueva España, recibió el grado de doctor en Medicina por la Real Universidad de México. En 1568, fue nombrado inspector de la farmacia de la ciudad de México y, poco después, recibió el nombramiento de decano de la facultad. Se había labrado una reputación en el Nuevo Mundo.
Pero su vida dio un giro grande al fallecer su esposa y el ingreso en órdenes religiosas de sus tres hijas. Agustín, un médico prometedor y un científico, profesó como religiosos en la orden de San Agustín el 26 de agosto de 1569, donde también empezó a estudiar Teología, materia en la que destacó. Y como agustino, llegó a ser el primer prior de la fundación agustiniana de Taxco en 1594 y de varios conventos más, así como visitador de la Provincia de México.
Fraile agustino
Pero a pesar de profesar como fraile, a pesar de ser sacerdote agustino, su pasión era la medicina, de la que nunca se olvidó y procuró ejercer pues era su primer oficio. Aunque, eso sí, con la dispensa pontificia oportuna. Muchas personas distinguidas de México acudían a su consulta, además de frailes y religiosos de otras órdenes monásticas. Los que lo conocieron y lo trataron, como recoge el cronista Esteban García, dicen que era “un médico muy acertado y eminente cirujano”.
Pero por lo que destacó Agustín, además de por sus dotes médicas, fue por el afán observador y científico, absorbiendo el conocimiento de los pueblos indígenas, recogiendo los remedios caseros de las nuevas tierras y conjuntándolos con las terapias clásicas que venían siendo enseñadas en Europa. Fue un pionero, el primero que escribió, en 1579, el primer manual de Medicina de Nueva España, con el título “Tratado breve de medicina y de todas las enfermedades”. La segunda edición de su libro, en 1592, fue dedicada al virrey de México, Luis de Velasco.
La citada obra constaba de 5 libros, los tres primeros de medicina, el cuarto de cirugía y el quinto de anatomía. Sus investigaciones, sus observaciones naturalistas, sus remedios, sus curas y procedimientos alcanzaron mucha celebridad y ayudaron a curarse a mucha gente. Un hito más de nuestra historia.
Pionero y naturalista
En ese manual tan aplaudido, Agustín señalaba y recomendaba que para combatir el escorbuto era necesario comer frutas cítricas. Curioso que James Lind, médico escoses que explicó y trató las enfermedades de los hombres del mar, lo afirmara en 1753, casi 200 años después. De ahí que el médico sevillano fuera un adelantado para su época.

Escorbuto
Agustín Farfán, médico sevillano, pionero, investigador y naturalista, autor del primer manual de Medicina de Nueva España. Otro personaje más para ser engrandecido, para ser recordado, para ser enseñado, para que nunca se pierda su memoria.
Os aconsejo que sigáis investigando y leyendo, los archivos están llenos de historias apasionantes. Aquí os dejo un par de enlaces para profundizar más:




















