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Un nuevo mundo, un nuevo panorama

La conquista y colonización del nuevo mundo fue una tarea titánica que tuvo muchos protagonistas, masculinos y femeninos, héroes y heroínas españoles. Fue motivo de elogio, de propios y extraños, por lo inmensidad de las distancias, por la enormidad de la empresa y por los pocos habitantes con los que contaba el imperio.

Cierto que las leyes de indias y el mestizaje, la mezcolanza, fue el secreto de todo, pero al principio del siglo XVI, cuando las exploraciones estaban en su momento álgido, un puñado de valientes se adentraban en lo desconocido o armaba una expedición. La exploración de la costa pacífica, un paso en el norte, quizás otro al sur, el descubrimiento del mar del sur, selvas, humedades y tribus desconocidas.

Uno de aquellos exploradores, uno de aquellos valientes fue Pascual de Andagoya, natural del condado de Vizcaya y que, ya de joven, viajó en la gran flota de Pedrarías Dávila, el famoso gobernador que se las vio y las tuvo con muchos conquistadores.

Andagoya, conquistador y explorador

Pascual se formó en el Nuevo Mundo, y se intentó curtir como soldado, aunque adquirió poca experiencia. Aunque no tenía estudios, sí sabía leer y escribir y nos legó muchos libros, cartas y escritos. Profundamente religioso, fue testigo de lo bueno y de lo malo, de la civilización y de la barbarie, fue haciendo camino, se enriqueció de aquellas culturas, amasó riquezas, conoció a muchas personas y descubrió nuevos horizontes, aunque le faltó la madurez y la frialdad necesaria para enfrentarse el resto de conquistadores de su época.

Conoció a Vasco Núñez de Balboa, fue testigo de su zenit y de su ocaso. Fue parte integrante de los 300 hombres que mandó Pedrarías para fundar la ciudad de Panamá, descubriendo y conquistando gran parte de la costa meridional de esta región. Establecido en la ciudad, obtuvo riquezas con sus negocios y se casó, naciendo su hijo Juan de aquel matrimonio.

Inquieto y con ganas de seguir viajando. Estando en Panamá, en 1522, fue nombrado visitador general de los indios. Ejerciendo este cargo llegó a Chochama, donde escuchó de labios de su cacique que su pueblo era hostilizado por las gentes que venían del Virú o Birú, una tierra desconocida, situada al sur de Panamá, que según escribió luego era el Perú: “que de Birú se corrompió la letra y la llamamos Pirú, que deste nombre no hay ninguna tierra”.

Los Ecos del Peru

¿El Perú? No, no se trataba del auténtico Perú, sin embargo, Andagoya quedó muy impresionado por aquella historia y el mismo año 1522 pidió permiso a Pedrarias para “ir a descubrir al cacique del Perú e la costa adelante del golfo de San Miguel. E Pedrarias le hizo su capitán”, como nos dice Fernández de Oviedo. 

Aunque inició la expedición no pasó del Chocó Colombiano, ni siquiera llegó a pasar el río San Juan. Tras una mala experiencia, tras estar a punto de perecer ahogado, fue salvado por un cacique y cayó enfermo. Aquel contratiempo no lo frenó y siguió vislumbrando su horizonte. Y la leyenda del Perú prendió con rapidez.

Y se formó otra expedición, más ambiciosa y, aunque tenía casi la exclusividad, por la enfermedad, el gobernador Pedrarias le pidió ceder la misión a otros protagonistas, como escribiría el propio Pascual, “me rogó que diese la jornada a Pizarro y Almagro y al P. Luque, que eran compañeros, porque tan gran cosa no parase de seguirla”.

Problemas con los gobernadores

Y con el nuevo gobernador, Pedro de los Ríos, llegaron los problemas pues le confiscaron los bienes y estuvo 10 días en prisión. Para colmo de males, en aquellos tiempos falleció su esposa. Todo se volvía negro en derredor. Pero, con determinación y dispuesto a defender su inocencia ante la Audiencia, viajó a Santo Domingo, consiguiendo que la misma fallara a su favor, borrando los cargos y restituyendo sus bienes.

Los vientos volvieron a soplar a su favor cuando llegó el nuevo gobernador, Francisco de Barrionuevo, que lo nombró su teniente. Y en aquel año, 1534, volvió a contraer matrimonio y regresó a Panamá dispuesto a todo, dispuesto a seguir su misión exploradora.

Pero sus problemas no terminaron porque en 1536, Pedro Vázquez, el juez de residencia que arriba a Panamá, lo juzga y lo encuentra culpable, ordenando su detención y su envío a España. Allí, gracias a su influencia y fortuna, logró que el Consejo de Indias lo declarase inocente, consiguiendo, a su vez, la gobernación del Río de San Juan, en la región del Chocó, al sur de Panamá y siempre cerca del Perú, su obsesión. Todo eso se firmó en las capitulaciones de Valladolid el 12 de diciembre de 1538.

Nuevo cargo, mismos litigios

Con el nuevo cargo, siguiendo las directrices, se comprometió a pacificar y poblar el territorio, al buen trato de los naturales y a procurar la conversión de los mismos, con la limitación de no entrar en la zona de Pizarro. Recibió grandes prebendas, con los beneficios procedentes de cultivos y parte de las riquezas. Incluso, por el emperador Carlos I, se le otorga el título de Mariscal de la Provincia y un escudo de armas.

En 1539, desde Sanlúcar de Barrameda, zarpó con 60 hombres rumbo a su nuevo destino. En Santo Domingo lo esperaba su cuñado, que se había encargado de reclutar más hombres para la causa e iría a su encuentro. El 29 de junio de 1539 llegó a Nombre de Dios con 150 hombres y 40 caballos, dispuesto a llegar a Panamá.

En febrero de 1540, decidido y preparado, con un buen puñado de hombres (200), 50 caballos, 1 galera, 1 galeón y dos bergantines, acometió la empresa para la que había sido llamado. Se destino le esperaba y allí le esperaría la gloria o la muerte, el éxito o el olvido. No había vuelta atrás.

Y siempre había un recodo, una bahía o un río por explorar. Como cuando remonta el río San Juan y regresa a la bahía de Santa Cruz para funda el asentamiento “Buenaventura” desde donde dirigiría su gobernación. Allí dejo a su lugarteniente, Juan Ladrillero, que mejoró notablemente el lugar y que pasaría a la historia como el marino que volvió a llegar a los confines del mundo y atravesó el estrecho de Magallanes, hazaña que, por desgracia, fue silenciada. Aquí lo conté en su día Juan Ladrillero, el marino silenciado

Cenit de su Mandato

Con una expedición que partía desde Buenaventura se adentró en el nuevo territorio hasta llegar al Valle del Cauca, mandando mensajes de paz a las autoridades y mostrando signos de cordialidad. Poco a poco, llegó a Cali, ciudad fundada por Benalcázar en 1536 y que encontró destrozada, al igual que Popayán. Todo era un caos, todo estaba abandonado.

Y aunque cruzó lineas prohibidas, aunque se adentró en territorios de otro gobernador, no se arredró y quiso poner su grano de arena pues no cesó su actividad. Ayudó con hombres a Timaná que estaba cercada que, una vez liberada, lo nombró gobernador; se granjeo el respeto de los lideres locales, mejoró las ciudades y mandó abrir un camino nuevo que conectara Cali con Buenaventura.

Pero, en aquella gobernación ajena estaba cuando llegó su verdadero gobernador, Benalcázar, que partió desde Buenvaventura. Andagoya, decidido, mandó una partida de hombres para intentar detenerlo pero cambiaron de bando, iniciándose una negociación para dilucidar a quien pertenecía el territorio, un parlamento que fue imposible pues, al final de aquel día, todos los regidores de Cali se pasaron al bando de Benalcázar y éste mando detener a Andagoya, despojándolo de todo y mandándolo a Popayán en marzo de 1541.

Viaje a España

Tras las llegada de su cuñado, Alonso Pena, a Buenaventura, que intentó liberarlo y tras la visita del licenciado Vaca de Castro, visitador y presidente de la nueva Audicencia de Lima, no se pudo encontrar solución a Andagoya al que determinaron enviar a España para que el emperador determinara “diferencia y agravios y límites de ambas gobernaciones”. Andagoya regresó a Buenaventura, la ciudad que él fundo, pero se encontró que su esposa, que había llegado con Alonso Pena, había fallecido.

Abatido, sin apenas influencia en la zona y con todo en contra, junto a su cuñado regresó a Panamá y de allí pasó a Nombre de Dios, dejando en Buenaventura a Payo Romero, hombre de confianza. Ahora le tocaba viajar a España y luchar por sus derechos, cuestión que le costó una fortuna y que lo llevó a la ruina. Dejando por el camino sus sueños de grandeza.

Al morir Payo Romero, Buenventura quedó bajo la influencia de Benalcazar, que se apropió de la gobernación de Andagoya. Los ecos del Perú, frenados ya entonces cuando cayó al agua y estuvo a punto de morir, se extinguieron de golpe.

Para ganarse el favor real, para intentar recuperar su prestigio, se embarcó de nuevo para las indias acompañando a Pedro Lagasca que había sido enviado para pacificar el Perú, tras la rebelión de Gonzalo Pizarro. Luchó en el bando imperial hasta la batalla Xaquijaguana en marzo de 1548, con la que se terminó con el bando pizarrista. Y en la misma fue herido en una pierna, sufriendo complicaciones y falleciendo, finalmente, en Cuzco, en junio de 1548.

Uno más en la carrera de Indias

Pascual de Andagoya, uno más en aquella carrera, un valiente forjador de sueños que quiso contribuir a los cimientos del imperio, una pieza más del engranaje que forma parte de la historia, que intento conquistar Perú antes que Pizarro, que soñó a lo grande, que realizó numerosas expediciones por territorios inexplorados y que le faltó, quizás, esa experiencia y astucia necesarias para enfrentarse a lo desconocido y al resto de conquistadores, ávidos de poder y riquezas.

Y todo ocurrió antes de que se parara la conquista, antes de la «Controversia de Valladolid», antes de encontrarle un sentido a todo, antes de que la Escuela de Salamanca interviniera para corroborar el buen trato a los naturales, defendiendo sus derechos. Un época nueva, un siglo nuevo, un nuevo mundo y todo por explorar. 

Expediciones de Andagoya en la exploración de                                     Colombia

Legado escrito

Andagoya, en un ejercicio de voluntad, pudo y quiso establecer una gobernación al sur de Colombia y al norte de Ecuador, una partición que pudo cambiar la historia pero al final sucumbió a los hilos de poder y terminó arruinado. A parte de su viajes, nos dejó dos libros importantes, donde, al menos, se pueden disfrutar y aprender de los ritos, creencias y costumbres de aquellos pueblos, donde recogió la orografía y el clima, cartografiando minuciosamente la zona. Dos obras importantes que aún se conservan en la actualidad como son:

  1. Carta del Adelantado Pascual de Andagoya dirigida al Emperador Carlos V sobre su partida de Panamá y prosecución de su viaje y reconocimiento hasta Cali (informe al Rey del adelantado y gobernador de la provincia del Río San Juan sobre la Gobernación que le concedió y la entrada efectuada a la misma, principalmente desde el puerto de la Buenaventura hasta Cali y Popayán.) Título que figura en el catálogo de manuscritos de América, de la Biblioteca Nacional, de J. Paz.

  2. Relación que da el Adelantado de Andagoya de las tierras y provincias que abaxo se hará mención. Copia de un manuscrito original perdido, que se encuentra en el Archivo General de Indias, Patronato, 26, 5.

Os invito a leer más sobre nuestro protagonista que, aunque no fue importante ni conocido como Pizarro, Cortés o Valdivia, puso su grano de arena y nos dejó escritos valiosos para conocer muchos aspectos de aquellos lugares. Os invito a disfrutar de nuestra historia, tal y como es, con sus luces y sombras, y también a difundirla, a enseñarla y a divulgarla, para nunca se olvide.

Os dejo un conferencia de Bosco Amores sobre las expediciones de nuestro protagonista: